Espacio Crítico otoño 08

ejercicios de alumnos del Laboratorio de Periodismo UIA

Felipe Cazals, crítica en el cine diciembre 1, 2008

Archivado en: General — Juan M G Renteria @ 5:28 pm

Muy pocas veces podemos apreciar lo casos de crítica social a través de un arte como es el cado del cineasta Felipe Cazals. Si bien el cine es un medio de comunicación y diversión, y a actualmente más vinculado con la industria del entretenimiento, esto no lo excluye de convertirse en una herramienta de señalización a la crítica social de un contexto socio político en particular. Felipe Cazals es precisamente el ejemplo de que la cinematografía puede ser empleada para cuestionar, reflexionar e introducir en la opinión pública una pregunta que cada uno deberá de responde de acuerdo con su propia individualidad.

 

  El nombre completo de Felipe es Felipe Cazals Siena, aunque sus padres eran franceses y el nació en Guéthary, Francia el 28 de julio de 1937, su registro se efectuó en Zapopan, Jalisco. Su apellido original era Bourdelle, pero éste se cambió cuando su familia emigró a México en 1949 cambiándose así al apellido de Cazals.

  Fue enviado a la Academia Militarizada Latinoamericana, con lo que su pasado francés fue erradicado para convertirse en un individuo completamente integrado a la sociedad y cultura mexicana.

 

  Viajo a Francia gracias a una beca para ingresar en e Institut d’hautes études cinématographiques de París aunque no concuyó sus estudios y regresó a México realizando cortomerajes para La hora de Bellas Artes. (Fotografía: Felipe Cazals)

 

 

  Algo común dentro de la vida de los grandes artistas contemporáneos es la suerte que tienen al encontrarse unos con los otros, es decir, las coincidencias que suceden para que grupos de artistas se desarrollen en le escena cultural de una ciudad en específico. Ese fue también el caso de Cazals, quién fundó junto con Arturo Ripstein, Rafael Castañedo y Pedro F. Miret el grupo de Cine Independiente, produciendo material audiovisual de relevancia como La hora de los niños de Ripstein y la obra del propio Cazals Familiaridades.

 

  Felipe Cazals desarrolló un gran interés por plasmar en pantalla grande casos reales y verídicos que suceden en la vida mexicana pero no desde un perspectiva antropológica y cultural sino mas recargada hacia un análisis social, político y crítico hacia las políticas empleadas y reflejadas en la vida diaria de las personas marginadas, señaladas, discriminadas y perseguidas.

 

 Hablando un poco del contexto socio político que se vivía en aquel momento en el país en el año de 1970, Luis Echeverría, ex-presidente de México acusado de genocidio, impone la virtual estatización del cine nacional, en un acto contradictorio, pues la exhibición, en gran medida, seguía en manos de la iniciativa privada, que se vio beneficiada con el descongelamiento de los precios de las entradas, que impulsó la producción de cintas cada vez de menor calidad.

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De cualquier forma, los productores protestaron por la estatización, pero el giro estaba dado y durante un sexenio el gobierno mexicano alentó las coproducciones con productoras privadas, directores, trabajadores y con el extranjero, apoyó a productoras nuevas y se convirtió él mismo en productor cinematográfico a través de las productoras Conacite I y Conacite II (Comisión Nacional de Cinematografía y Televisión), Conacine y el Centro de Producción de Cortometraje.

(Fotografía: Luis Echeverría)

 

Era un cine que contradecía al cine de la época de oro, de los cantantes juveniles, de los regaños morales, de la apología de la pobreza, de la ponderación del “sacrificio de la madre” como justificación para el sometimiento individual a la moral cristiana tan cómoda para el Estado, y de las comedias rancheras donde todo era soportable si había tequilas, mariachis y la oportunidad ocasional de echar bala.

 

La administración de Echeverría dio como resultado la creación del Centro de Capacitación Cinematográfica, la construcción de la Cineteca Nacional y un puñado de cintas que se encuentran hoy entre las mejores del cine mexicano: Reed, México Insurgente de Paul Leduc, La pasión según Berenice de Jaime Humberto Hermosillo, y las Actas de Marusia del chileno Miguel Littin.

  Es así como Felipe Cazals crea una necesidad social por contar las historias que conmovieron a la población mexicana en las últimas décadas. Y como explica el hitoriador Hiram Félix Rosas ,Cazals se enfrentó a la censura por parte del propio gobierno (http://www.youtube.com/watch?v=SGPclBZI7Iw)

 

  El hecho real que desató la imaginativa narrativa cinematográfica de Cazals  para su primera gran película de crítica social fue aquel caso de las hermanas Delfina, María de Jesús y María Luisa “Eva” González Valenzuela, Las Poquianchis, eran proxenetas, empresarias del sexo, socias en el negocio de la prostitución a gran escala, explotadoras que lucraban con el apetito sexual masculino y que por su éxito comercial llegaron a tener hasta sucursales de su burdel.

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  El burdel se encontraba en l estado de Guanajuato durante las décadas de los 50’s y 60’s, y la manera deshumana en que funcionaba consistía en que si las prostitutas no complacían de forma satisfactoria a sus clientes, las hermanas González Valenzuela las asesinaban. Se dice el rumor que también asesinaban a los clientes que aparecían con altas sumas de dinero.

 

 

Las Poquianchis tienen defensa de la opinión popular de la época aludiendo en que no son asesinas seriales, de hecho jamás mataron, otras mujeres y hombres asesinaron por ellas. Delincuentes de cuello blanco, estas mujeres jamás se mancharon de sangre, se condujeron siempre como las patronas que eran, las dueñas del negocio. Rumor que el propio Cazals plasma en un pequeño fragmento dentro de la película misma. (http://www.youtube.com/watch?v=W3TKJOLB4os&feature=related)

(Fotografía: Escena de la película Las Poquianchis)

 

  La mayoría de las mujeres regenteadas por estas mujeres vestidas de luto eterno, murió por enfermedades desatendidas, complicaciones por abortos y, en menor medida, por homicidio intencional.

  En todo caso, las manos de estas mujeres se ensuciaron con la mugre de los billetes que contaban una y otra vez al final de la jornada laboral y de donde pagaban sueldos de hambre, literalmente, a sus empleadas-esclavas, y a otras, si acaso, con vales internos como en una tienda de raya.

  Era indispensable que la mente criminal-comercial de las Poquianchis deshumanizara a las prostitutas, la mayoría mujeres necesitadas, ignorantes o muy jóvenes, pobres e ingenuas, vendidas por sus madres y padres, obligadas, forzadas, violadas o convencidas para alquilar sus cuerpos en cuartos-mazmorras a los clientes de los lupanares. Las deshumanizaron para poder desecharlas sin sentir remordimiento, como basura, cuando se enfermaron y dejaron de ser útiles, cuando ya no generaron ganancias. Las “despidieron” como se pudo.

  Autoridades, policías, funcionarios de los gobiernos locales y estatales siempre supieron de su existencia y colaboraron siempre con ellas.

 

   Formaron alianzas, tomaron acuerdos. Política y delito, esa fórmula inseparable. Les otorgaron los permisos y licencias para que sus prostíbulos operaran sin problema, claro que eso costaba, pero siempre hubo buen arreglo para ambas partes, como todo en México. Pero cuando el “casero” elevó las rentas y las cuotas de la extorsión disfrazada de legalidad, las inquilinas se inconformaron, dejaron de pagar, vino el desacuerdo, entonces las relaciones se rompieron, les cobraron a lo chino, comenzaron los operativos, las razzias, la persecución de las autoridades que antes les permitían todo y se hacían guaje, pero con la cartera bien llena. El gobierno fue cómplice y beneficiario: todas las putas tenían su carnet de control de Salubridad, sin excepción.

  Cuando una de las jóvenes logró escapar del encierro, la madre de ésta dio aviso a la población de lo que sucedía.

  Tras su arresto, estas gitanas que iban de pueblo en pueblo llevándole placer a los hombres, fueron blanco del linchamiento social y difamadas, fueron sentenciadas a 40 años de prisión y se les trasladó a la cárcel de Irapuato, Guanajuato. Delfina González Valenzuela murió a causa de un acidente y falleció tras una larga agonía.

 

  Pero gracias a ellas quedó al descubierto la extensa y cotidiana cadena de extorsiones, chantajes, complicidades y corruptelas de las autoridades civiles y policiacas mexicanas en los lugares donde operaban. Además nos recordaron la hipocresía de la sociedad provinciana que, a la vez que reprueba la prostitución y el adulterio, la promueve y lo tolera.

Generaban riqueza y empleos en donde se instalaban, y fueron mina de oro y socias estratégicas para funcionarios públicos, políticos, jefes policíacos y hasta militares que después de negociar con ellas y ser clientes asiduos de sus locales, les dieron la espalda cuando la orden de detenerlas y los pesos aplicados de responsabilidad ante la ley llegaron desde las más altas esferas del poder en la Ciudad de México.

 

  En las investigaciones llevadas a cabo durante el med de enero de 1965 fueron hallados los cuerpos de 11 hombres, 80 mujeres y una cantidad no determinada de fetos. El tema sirvió de inspiración a escritores como Jorge Ibargüengoitia con su deliciosa novela “Las Muertas”, así como a periodistas como Elisa Robledo, quien escribió el libro de no ficción “Por Dios que así fue”, un verdadero testimonio, ya que pudo entrevistar a María de Jesús en la cárcel y reproduce documentos y fotos que en su momento sólo la revista Alarma difundió.

 

 Felipe Cazals llevó esta terrible e impactante historia a la pantalla grande en 1976, una película que según el pripio Cazals fue una de las películas clave de toda su filmografía y una de las más complicadas que hizo y que más lleva en el corazón.

 

<!–[if gte vml 1]> <![endif]–>  La segunda historia que Cazals llevó a pantalla fue la de la vida de José Revueltas, un escritor, guionista y activista político mexicano. Revueltas fue parte de una importante familia artística, sus hermanos, Silvestre Revueltas, Fermín Revueltas y Rosaura Revueltas eran compositor, pintor y actriz respectivamente. La vida de Revueltas tomó matices políticos cuando participó en el movimiento ferrocarrilero de 1958, fue acusado falsamente de ser el autor intelectual del movimiento estudiantil del año 68. Estuvo varias veces en prisión debido a su activismo político desde temprana edad, e incluso aún cuando era menor de edad fue enviado a la cárcel de las Islas Marías. Pero no fue hasta su intervención en el movimiento del 68 que fue detenido y preso en la cárcel de Lecumberri, desde el cuál escribió una de sus más refinadas e importantes novelas, El Apando.

  Al salir de prisión, se dedicó a dar conferencias, impartir clases, ofrecer entrevistas y a darle seguimiento a su escritura. Revueltas fue un revolucionario a partir de sí mismo, pues practicó la que luego sería su propuesta pedagógica más importante: la Autogestión Académica, producto de su propia forma de estudiar la realidad mediante el conocimiento teórico que proporciona la lectura. Perteneció al Partido Comunista Mexicano pero fue expulsado unos quince años después debido a su crítica a las prácticas burocráticas del organismo, crítica que junto con muchas otras desarrolló en uno de los mejores análisis de la izquierda en México, el Ensayo de un Proletariado sin Cabeza. Posteriormente fundó la Liga Espartaquista y formó parte importante del Partido Popular Socialista, de donde también fue expulsado por cuestionar y criticar los errores de la izquierda mexicana.

(Imagen: Póster de la película El Apando)

 

  En 1976 al mismo año que se hizo Las Poquianchis se hace la película El Apando basada en la novela de Revueltas, la historia tiene lugar en la cárcel de Lecumberri, una cárcel legendaria construida durante el porfiriato. El título de El Apando se refiere al nombre que recibía la celda de castigo dentro de la cárcel. La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas otorgó el premio Ariel a la película por su edición llevada a cabo por Rafael Castanedo, de hecho, el mismo Revueltas hace el guión junto con José Agustín, una contribución que el mismo Cazals explica en una entrevista a la revista Otro Cine:

 

“—El guión es muy atractivo, ¿verdad?

 

“—Sí, Revueltas es un gran escritor. Además la adaptación de José Agustín me gusta mucho. Yo sostengo (señala enfático Cazals) a este respecto una teoría: después de haber sido encarcelado muchas veces, Revueltas se dio cuenta de que no siendo nadie, allá adentro comenzaba a existir; y al mismo tiempo, Agustín, creyendo existir, allá adentro se dio cuenta que no era nadie; el resultado es que en la adaptación Agustín marca ese horror, esa sensación difícilmente adjetivable del que está perdido y todavía, a los no se cuántos años, el tipo te sigue transmitiendo el terror negro de no tener nada, de estar igualmente al garete que los 3500 presos que están allí adentro y, además los dos (Revueltas y Agustín) coinciden en una visión que yo comparto a fondo: que la única realidad posible, en esas circunstancias, es esa; al menos de que cambie todo.

 

 

 

Y finalmente Cazals describe el trabajo creativo de Revueltas:

 

 “Yo creo que se puede explicar literariamente de esta manera: Todo Revueltas es metálico. Busca cualquier página de él: Los muros del agua, Morir en tierra, el que quieras; y verás que sus personajes son metálicos, no robots, pero metálicos. Son afines a la lámina, a las puertas de acero, a los candados, a las rejas; son personajes afines a eso.. Inclusive el mismo lenguaje que utilizan los personajes es afín a ese metalismo, hay ruidos siempre con esa connotación: celda, crujía, pestillos… todo lo que se oye es cric-crac, y eso, por cierto, me ha servido de guía en gran medida para hacer El apando”.

(Conversaciones con Felipe Cazals. Por Jaime A Shelley. Otro Cine, No. 3. Revista Trimestral del F.C.E., julio- septiembre, 1975. PP. 34-43)

 

Los expertos de la industria del cine mexicano posicionan esta cinta en el lugar 60 de las mejores películas del cine mexicano.

 

  El tercer evento social que Cazals representó en pantalla grande y la última de sus tres películas más representativas de crítica social fueron los fatídicos linchamientos en la comunidad de San Miguel Canoa. Un hecho que actualmente continúa causando eco y reflexión tanto en los medios como en la población general. Cito el periódico La Jornada Oriente en Tlaxcala en su publicación del martes 21 de febrero del 2006 en donde le dedica un artículo a la reflexión de los linchamientos de Canoa.

 

  En la comunidad de San Miguel Canoa, en la década de los sesenta, el grupo de caciques que bajo la bandera de la Liga de Comunidades Agrarias vinculada al PRI ejercía el poder y el control comunitario valiéndose de un sistema de dominio violento, estaba en contra del grupo faccional de la Central Campesina Independiente (CCI).

  Los excursionistas de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) cuando se disponían a escalar el volcán La Malinche fueron linchados porque al alojarse en una familia que perteneció a la Central Campesina Independiente y donde Lucas García, el padre de familia que murió defendiéndolos, tenía un fuerte conflicto, porque fue un cobrador de impuestos de tierras comunales, con el párroco y con un hombre rico dueño de los autobuses, que era su pariente, lo que permitió que atentaran contra la familia que era el blanco perfecto de los caciques debido a las pugnas políticas.

  Por ello los excursionistas fueron la justificación para atentar contra los foráneos que supuestamente eran “comunistas y bandidos”.

  Los trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) conocieron de Lucas García que en San Miguel Canoa las condiciones de pobreza de su anfitrión y de gran parte de la comunidad eran un mal general y debían cooperar forzadamente para las obras materiales como el entubamiento del agua potable, la energía eléctrica, la carretera y otras obras materiales que encabezaba el párroco local, supliendo las actividades de las autoridades oficiales.

  La comunidad de San Miguel Canoa se encontraba en unas condiciones de pobreza difíciles que hacían que la mayoría de la gente viviera en una sociedad agraria con escasos recursos económicos y a pesar de estar sujetos a esa situación tenían que soportar los frecuentes robos a ojos vistos mediante el subterfugio de las obras para el desarrollo de la comunidad o las obras y las cooperaciones para los santos de la iglesia, lo que provocaba la constante exacción de su escaso dinero con el que contaban, extracciones que casi llegaban dejarlos en la desnudez por la constante explotación que hacían de ellos los dominadores de la comunidad.

  La historia de los habitantes de Canoa estaba marcada por una constante práctica de exacción de sus recursos monetarios, puesto cuando no estaban a merced de los caciques terratenientes que los hostigaban para quitarle sus tierras a bajos precios, se enfrentaban al párroco que les exigía cantidades de dinero para las obras materiales o bajo el pretexto de cooperaciones para las costumbres religiosas, que dejaba a los campesinos indígenas sin dinero alguno para su reproducción económica.

  Sin duda alguna que los campesinos indígenas estaban sometidos a una fuerte presión económica, política y cultural dentro de un sistema de poder caciquil que reproducía patrones culturales que les servían para justificar sus prácticas de explotación en la comunidad.

  Tan así era legitimado el sistema de dominio a través de la justificación religiosa, que cuando el párroco propuso la construcción de la carretera, con la cooperación de los habitantes, no importó que a cambio la población se quedara en una posición subordinada frente a los intereses económicos y de desarrollo industrial de la ciudad de Puebla.

  En resumen, la comunidad de Canoa contaba con agentes internos encargados de una excesiva explotación económica que cada vez más dejaba a los campesinos indígenas depauperados y en un constante estado de presión económica e ideológico cultural al exigirles las cooperaciones para la reproducción religiosa, pero también estuvo sometida a presión económica y política cuando debió enajenar su autonomía municipal.

  La comunidad sometida y expuesta a un fanatismo por las prácticas impuestas por el párroco y sus amigos, los caciques aborígenes, estaba en unas condiciones difíciles para lograr su reproducción, donde no visualizaban sus seguidores que eran ellos los causantes de sus condiciones de pobreza y, por ello mismo, eran encauzados para que percibieran que las condiciones de mejoría se la debían a los caciques, pero no a los agentes externos o de la ciudad de Puebla.

  Unos estudiantes de la UAP se habían robado unas gallinas al retirarse de San Miguel Canoa cuando fueron a realizar una reunión con los simpatizantes de la Central Campesina Independiente para dar a conocer el movimiento estudiantil del 68 y pedir apoyo para la huelga de los estudiantes que por esos días tenía vigencia.

  Estas prácticas, de acuerdo con el razonamiento del párroco y su grupo político, les permitían reflexionar que los supuestos estudiantes que estaban aquel fatídico 14 de septiembre de 1968 en las inmediaciones de la comunidad, provenían de la Universidad Autónoma de Puebla con señalamientos de comunistas y que, por supuesto, estaban a favor del movimiento estudiantil de la ciudad de México, pero además, robaban animales.

  Los actores del linchamiento estaban ante la oportunidad de enfrentarse a quienes los habían tratado como ciudadanos de segunda, pobres con costumbres extrañas que eran la viva representación del atraso y del subdesarrollo en ese tiempo.

  Sin embargo, era claro que los supuestos estudiantes no estaban haciendo alianzas con el párroco y su grupo, sino con sus opositores, lo que los hacían más peligrosos para la permanencia de su cacicazgo de acuerdo con las creencias erróneas de la población

  La Central Campesina Independiente estaba tejiendo relaciones con una institución educativa cuya filosofía era combatir la explotación del hombre, en este caso los campesinos de Canoa y, por extensión, aniquilar el sistema de dominación que mantenía el control del poder en la comunidad, pero que también atacaba el “opio del pueblo”, el párroco y su parafernalia religiosa.

  El párroco, días antes del linchamiento, mandó traer a sus aliados a la iglesia por medio de las campanas y cuando estuvieron presentes les dio de beber pulque y les dijo que ahí estaban los comunistas que pretendían convertirlos en ateos y enemigos de Dios.

  Mandó al presidente municipal auxiliar, al juez y al comandante para decirle a los de la Central Campesina Independiente que no se podía hacer el mitin. Al mes volvieron y pidió la policía por teléfono.

  El párroco y sus aliados, basándose en supuestos que amenazaban sus intereses económicos y políticos en la comunidad, consideraron desencadenar la violencia contra los opositores de la Central Campesina Independiente y, de paso, acabar con la amenaza extranjera y lograr una justificación pública ante los pobladores de San Miguel Canoa que contaron con un argumento válido para lincharlos siguiendo sus prácticas de usos y costumbres para castigar a los ladrones.

La comunidad católica estaba finamente aleccionada por el párroco quien había usado los sermones constantemente y hasta ocho días antes del linchamiento para comunicar a su feligresía que los estudiantes del movimiento del 68 eran unos comunistas que atacaban la religión católica.

Por eso pidió a los llamados localmente fanáticos que debían resguardar la religión y proteger la vida de él, pero en el fondo lo que no quería era que modificaran el sistema de dominio que prevalecía explotando a los campesinos y donde los caciques y él extraían recursos para sus intereses personales.

Algo que se presenta en la película de Canoa en una escena en la que un campesino narra el sistema de corrupción que se vive en el puebo (http://www.youtube.com/watch?v=dXpJadtFgaI).

El linchamiento ocurrido el 14 de septiembre de 1968 fue parte del proceso de violencia emprendido por los caciques de San Miguel Canoa, que les permitió mostrar a propios y extraños la vigencia y la fortaleza de su sistema de dominación local.

La estructura de dominación del sistema caciquil hizo uso de las formas tradicionales comunitarias como el sistema de cargos religioso que debía ser cumplido, y de la obligatoriedad de las cooperaciones para las obras materiales de beneficio social como un recurso que le permitía mantener bajo su control a los habitantes de la comunidad.

La escalada de violencia que los caciques emprendieron contra sus opositores de la Central Campesina Independiente fue sólo una justificación basada en la falta de cumplimiento con las normas tradicionales locales, que en el fondo dejaban traslucir la falta de dominio o de consenso para seguir reproduciendo el cacicazgo.

 

  Felipe Cazals filma la historia de Canoa en el mismo año, 1976. Debido a la cercanía entre la Ciudad de México y el lugar en donde sucedieron los linchamientos, Cazals pudo filmar en los lugares reales en donde sucedió la tragedia.

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  Felipe Cazals mezcló un documental ficticio, un narrador omnipresente y una ficción estrujante, para dar paso a un film que recrea una tragedia que tiene como fuente el fanatismo y la intolerancia, el miedo y el resorte persecutor. Y si el hecho, por desgracia, tiende a perderse en la nebulosa de la historia, la película se encuentra en una de las más amplias medidas de distribución actuales de la industria del cine.

(Fotografía: Escena de la película de Canoa)

 

  A través de la película de Canoa se trató de hacer visible el otro país, aquel cruzado por el verticalismo de las relaciones sociales y el miedo hacia el otro, por la cerrazón ante lo distinto y las loas a una identidad que no por ficticia deja de cohesionar contra lo “extraño”.

 

<!–[if gte vml 1]> <![endif]–>  Canoa es tanto un drama como un reflejo de lo que sucedió el 2 de octubre de aquel año.      Una autoridad paranoica, que incapaz de observar con realismo un mínimo de sensatez, lo que sucede a su alrededor, pone a circular las versiones más descabelladas de los fines que supuestamente persiguen sus reales o fantasiosos opositores. En el mecanismo en que la sociedad rural funciona, es el cura el encargado de propalar la versión de que “el demonio anda suelto”, que se encuentra no sólo en la capital o en Puebla, sino en ese pueblo encerrado en sí  mismo; que los comunistas vienen a llevarse a los animales y a los hijos, y que en nombre de Dios hay que hacerles frente.

(Imagen: Póster de la película Canoa)

 

  Contra la inercia de presentar al México rural como el origen de todas las virtudes, Cazals devela que tras la visión bucólica del pueblo reconciliado y amistoso, palpitan las tensiones de toda sociedad medianamente compleja y contradictoria. Cazals es experto en retratar la imagen estereotipada y a la vez real de la autoridad, en Canoa, el párroco, de lentes obscuros y peinado militar, es quien encabeza al pueblo en contra de los “enemigos externos”.

 La película esta bañada de una crudeza sin precedentes en el cine moderno Mexicano, Felipe Cazals realmente retó el estómago de la audiencia al presentar los linchamientos de una manera directa y deshumana (http://www.youtube.com/watch?v=HESjrBQx4XY&feature=related)

 

 

 

 

 

 

 

  Es así como Felipe Cazals, actualmente ya retirado de la práctica cinematográfica nos entregó tres películas que desatan nuestra curiosidad política, social y cultural que solamente a través de la reflexión, el análisis y la introspección política nos podemos dar cuenta de las reverberaciones ocasionadas por los errores autoritarios del pasado que siguen teniendo tintes y matices de consecuencia en nuestra sociedad actual.

  Gracias a Cazals podemos emplear esta reflexión a un medio de expresión tanto masiva como irónicamente individual que es la cinematografía, el cine de crítica social es así una forma de conectar a las personas unas con otras para hacer consiente la necesidad de abrir los ojos implorando un cambio para la mejoría de calidad de vida social a través del respiro puro y limpio de los métodos políticos empleados para resguardar la integridad de la cultura.

 

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